La Belle Epoque

Alguien tendría que desmitificar las revelaciones y los éxtasis, humillarlos con una obra absolutamente despreciable, algo como lo que hizo Takeshi Kitano consigo mismo en Glory to the Filmmaker. Las revelaciones y los éxtasis no dejan de ser un monumento autoerigido del que las experimenta, un monumento que celebra la inteligencia de su edificador.

Las revelaciones y los éxtasis son signos de mediocridad; cuanto menos tengas, mejor. Yo tengo muchos y después siempre me avergüenzo de ellos. Recuerdo Las horas del verano de Olivier Assayas como todo un acontecimiento. Me volvió loco la suspensión de la narración del final, todavía estaba Antonioni por conocer, y la crítica a la institución museo. Sobre todo, recordemos, porque esta película era un encargo del Museo Orsay. Después, uno pasearía por el Reina Sofía, pasillos llenos de cosas que se contradicen con el espacio en el que se encuentran. Bueno, el Museo Orsay encargó a Assayas una peli, y a Hou Hsiao-hsien otra. Hou Hsiao-hsien hizo esa delicada El vuelo del globo rojo y se volvió a Taiwán, a lo mejor con el DVD de Las horas del verano en la mochila. Porque llevaba mochila, todos los asiáticos la llevan, lo hemos aprendido de Hong Sang-soo.

Tres años después tenemos una respuesta a todo aquello que decía el Assayas de Las horas del verano en el cortometraje La Belle Epoque de Hsiao-hsien, que es lo que está ahí arriba. Los lingotes de oro como remanente material del valor de algo, como expresión física y no exclusivamente numérica, como cantar al pasado y a los afectos familiares.

En la dichosa RAE hay varias acepciones de la palabra afecto, dos de ellas son estas:

  • 1. m. Cada una de las pasiones del ánimo, como la ira, el amor, el odio, etc., y especialmente el amor o el cariño.
  • 3. adj. Dicho de una posesión o de una renta: Sujeta a alguna carga u obligación.

¿Cuál es la carga? La carga es lo que diferencia la conclusión de Las horas del verano de La Belle Epoque. En la de Assayas se notaba un parcial descuido de la primera acepción, que producía el desentendimiento de la segunda: no llegamos a perder la identidad porque conseguimos congelarla en el museo, pero ya no se puede romper la cadena del frío. Hsiao-hsien es más luminoso, el oro se conserva por el reflejo familiar del pasado que nos devuelve, no por su valor económico (incluso en el momento histórico en el que marca los precios más altos). Y además, por el camino de sus escasos seis minutos nos regala un par de imágenes de esas que acercan a uno al éxtasis.