Destellos y reflejos

Este es el vídeo que me salió para el taller del 98lab.

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Fin de semana / Fin del mundo

Audio: Fin de semana

Vídeo: Fin del mundo


El gadget hoy

Hay unos cuarenta minutos bastante divertidos en Misión: Imposible – Protocolo Fantasma antes de perderse en el lujo patrocinado y las rutinarias escenas de acción. En estas secuencias se intuye algo así como una voluntad renovadora de los símbolos del género. Rescatemos la reflexión más original de entre los síntomas que invitan a pensar en ello.

Brad Bird redibuja con un sencillo gag el momento en que Ethan Hunt recibe la misión.

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Ethan Hunt escucha por el teléfono las características de la misión, cuelga cuando ve que el mensaje se va a destruir y se aleja esperando la mini-explosión.

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Pero ésta no se produce, y el protagonista se vuelve extrañado hacia la cabina y la destruye él mismo.

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Si obviamos lo mal que está rodada la escena, en la que el golpe es casi inapreciable y nos quedamos con el apunte integrado al modesto gag autoparódico, nos daremos cuenta de que por primera vez no se produce la explosión porque los archivos se borran automáticamente de la memoria del aparato sin necesidad de exteriorizarlo, ajustándose algo más al estado actual de las cosas donde la información y los contenidos ya no van asociados a una huella en la realidad. Se ha perdido la certeza porque los archivos vuelan invisibles a nuestro alrededor, líquidos, en una progresiva separación del objeto físico que tradicionalmente ha soportado la información. La pérdida de importancia del soporte sitúa a la saga en un escenario algo incómodo, si tenemos en cuenta la función fundamental que siempre han cumplido los gadgets que Ethan Hunt maneja.

Por eso resulta gracioso que el protagonista reciba la información no en unas gafas ultramodernas en lo alto de una montaña escalada sin arnés, sino a través de una simple cabina de teléfono, ese objeto vintage que Banksy ya mató. En otra de las escenas divertidas, los protagonistas se meten en el Kremlin y usan unos simples iPad y croma con cámara integrada para engañar la visión de un guardia.

Misión Imposible 4 se aparta sutilmente de una de sus señas de identidad, la imaginería tecnológica, un lugar de experimentación con un margen cada vez más estrecho, aunque tampoco explora otras lindes, termina desembocando en la acostumbrada dosis adrenalínica hiperespectacular, en constante escalada hacia su propio agotamiento, si es que tal cosa existe.