Albores del musical

amameestanoche
Ámame esta noche está protagonizada por un actor procedente del vodevil francés, Maurice Chevalier, y una actriz de la opereta, Jeanette McDonald. Está dirigida por Rouben Mamoulian, que combinaba sus trabajos en el cine con la dirección teatral en Broadway. No parece casualidad, por tanto, que la película arrastre cierta influencia del teatro musical.

En 1932, año de producción de Ámame esta noche, la estandarización tecnológica del cine sonoro era ya una realidad. También se había llegado a un acuerdo en referencia a la terminología, las películas habladas se consideraban parte de la industria cinematográfica y no de la musical, por ejemplo. Sin embargo, el nuevo lenguaje fílmico tardaría algo más en asentarse, especialmente en algunos géneros. El musical es el único género que nace con la incorporación del sonido, y su proceso de adaptación pasa por recoger la herencia de la escena musical de Broadway. Ámame esta noche se desarrolla a rasgos generales siguiendo las constantes del montaje de continuidad habitual, pero también recoge gran parte del lenguaje teatral. La indefinición lingüística del momento le abre a Mamoulian un gran campo de posibilidades, y su experimentación es a veces brillante y a veces ingenua.

Especialmente brillantes son los primeros minutos, donde se ofrece el hallazgo más importante de la película: los ruidos de las calles de París se van engarzando poco a poco para crear un efecto rítmico que, más tarde, dará paso a la canción de Maurice. Las imágenes muestran a las personas o cosas que están produciendo, sin saberlo, la música: la pica de un obrero, las campanadas de la iglesia o el ronquido de un vagabundo van creando el ritmo, y la imagen aparece, como pocas veces en el cine, a remolque de la banda de sonido de la película. En estos minutos se apunta hacia una configuración del lenguaje fílmico que prescinde de la narratividad habitual, un modo de expresión tan radical e interesante como el de muchos autores experimentales. Vicente J. Benet nos recuerda en La cultura del cine que las búsquedas expresivas más originales de la franja sonora las llevaron a cabo cineastas imbuidos en la corriente industrial, los experimentalistas no prestaron demasiada atención a la innovación tecnológica. Hay otro uso de la música reseñable en la escena en la que la canción Isn’t ir romantic? va viajando boca a boca desde el sastre hasta la que, más tarde, será su enamorada. La escena adelanta la aparición de la protagonista, y en el momento en que la vemos por primera vez no podemos dar una explicación narrativa lógica de la aparición del personaje. Es un recurso bastante original que la publicidad ha explotado mucho en los últimos tiempos.

El apartado técnico de la lista de aciertos de Ámame esta noche es más que nada anecdótico, aunque sorprendente: encontramos un par de recursos insólitos en su momento de estreno. El zoom se hizo popular en los años 60, en Ámame esta noche tenemos dos, no son especialmente significativos, pero son un buen ejemplo de lo variada que es la búsqueda formal de Rouben Mamoulian. Por otro lado se puede observar la utilización de un recurso marca Yasujiro Ozu, un plano contraplano en la que la mirada de los actores interpela directamente a cámara, en el que la cámara se sitúa justo en la línea en la que los personajes mantienen su diálogo. El resultado es muy parecido al que ofrecía el cineasta japonés, sin embargo el camino que lleva a Mamoulian a grabar un plano así creo que debe pasar por presupuestos distintos. No hay que olvidar la gran influencia del musical de Broadway que hay en Ámame esta noche y que una particularidad del género teatral es dirigirse directamente al espectador; Chevalier lo hace en distintas ocasiones a lo largo de la película.

Aunque las innovaciones que prueba Mamoulian no siempre son acertadas, la distancia con la que se puede observar su obra deja al descubierto alguna que otra técnica que hoy en día puede parecer algo infantil o torpe. Hay una escena en la que se hace uso de la cámara rápida y después la cámara lenta con la intención de crear un efecto cómico; es un recurso que viene de la época del primer cine mudo, cuando a las escenas de la comedia se les daba una mayor velocidad desde la manivela del cinematógrafo. Por otro lado, la puesta en escena, las coreografías de los personajes y, sobre todo, las interpretaciones tienden a veces hacia cierta teatralidad y la imagen de Francia mezcla referencias de lo más confusas culturalmente. Por último, la música se inclina en varios momentos hacia una función onomatopéyica, algo que se le ha criticado mucho a Max Steiner: a través de los instrumentos de la música se emulan los sonidos de los golpes de los personajes y demás con objetivos cómicos.

Ámame esta noche no deja de ser una película estimable, sólo por el hecho de asumir riesgos ya sería interesante verla, pero además encuentra algún que otro hallazgo realmente interesante, especialmente en los cinco primeros minutos. El final tiene cierta reminiscencia del cine impresionista francés y cierra convencionalmente una fábula que Mamoulian consigue revalorizar con sus matices experimentales sobre el modelo habitual de hacer cine.



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