La versión Crooker-Harris

La versión browning
La cuestión que se presenta alrededor del modelo de educación es recurrente a lo largo de la historia del cine británico, muchas de las grandes obras que ha dado esta cinematografía ponen en duda un modelo educacional rígido y anticuado. En los años 50, el Free Cinema centrará su interés en la juventud, rodará alguna de sus mejores películas en escuelas, internados o centros para chicos conflictivos. Más tarde, directores como Ken Loach o Mike Leigh se acercarán de nuevo al tema para abordar nuevas perspectivas acorde a los nuevos tiempos. La versión Browning de Anthony Asquith puede jactarse de ser una de las primeras películas que toca el tema, sin recurrir a lugares comunes, evitando el radicalismo por el que optarían directores como Tony Richardson o Lindsay Anderson, pero simpatizando con un modo de educar moderno, dinámico y atractivo para el estudiante.

Está basada en una obra de teatro de Terence Rattigan y de ella se desprenden las mayores virtudes y los peores defectos de la película. La versión Browning se sustenta en un texto magnífico, lleno de matices y de ideas desarrolladas con profundidad y rigurosidad. Ante todo es un estudio del personaje de Michael Redgrave, Crooker-Harris, un profesor rígido y exigente que vive al margen de todo pero que, poco a poco, irá reblandeciendo su coraza e intentando redirigir su camino. Redgrave siembra con éxito cada uno de los matices que le propone la obra de Rattigan, creando un personaje complejo que se va desmoronando al tiempo que la intensidad dramática crece. Los demás personajes que aparecen en la película casi se pueden considerar arquetipos cuya función principal es la de hurgar más en los sentimientos del profesor frustrado; la despiadada mujer que lo odia, el único niño contagiado del interés por el latín y el griego, el amante de la esposa, el director del colegio y el profesor novato conforman un elenco de secundarios unidimensionales, sin profundidad.

Pero lo cierto es que no es necesario que estos personajes presenten un desarrollo mayor, La versión Browning está trufada de complejas ideas girando alrededor de Crooker-Harris. En primer lugar tenemos el problema de la educación: se enfrentan dos modelos, el de humanidades del protagonista y el de ciencias de Hunter; el primero está estancado en una enseñanza almidonada y poco efectiva, el segundo favorece la participación y las risas como método de aprendizaje. La relación que se desarrolla entre el profesor de latín y su alumno Taplow empujará hacia delante la película, devolviendo algo de esperanza al profesor. Por otro lado tenemos el matrimonio corrupto de Crooker-Harris, su mujer es despiadada y él la soporta sabiendo que hace tiempo que dejó de ser un buen marido. Ésta relación destruirá cualquier intención de mejorar, cualquier ilusión o esperanza, la única salida es la separación, pero es una decisión difícil de tomar. Y, por último y más importante, el tema central de la obra es Crooker-Harris, su evolución moral hasta el doloroso pero redentor punto final, la pérdida de la fe en lo que hace y de la autoestima, la resignación. Michael Redgrave hace un papel realmente complejo, a veces suave, a veces convulso, se podría decir que su actuación es lo más cinematográfico que tiene La versión Browning, pues la contribución de Asquith está cercana al desastre.

Anthony Asquith realiza una dirección realmente económica, de pocos planos, estática, que prescinde de mucho del lenguaje cinematográfico más básico. Hace pocas entradas hablaba de una película que se erguía magistralmente sobre un guión más bien endeble, este es el caso contrario, una dirección endeblísima da cobijo a un texto muy rico. Pensándolo bien, quizás hay que dar las gracias a Asquith por, al menos, habernos ofrecido una buena obra de teatro, y no corromper el texto de manera que no hubiera manera humana de apreciarlo. Son muchos los elementos del teatro que se cuelan en esta versión de La versión Browning y que restan valor a lo que podría haber sido una gran película, el proceso de adaptación del lenguaje teatral al fílmico brilla por su ausencia. La frontalidad, la cámara se sitúa muchas veces en el lugar que ocuparía el público en la sala de teatro y la puesta en escena no ayuda: hay una gran cantidad de planos en los que varios actores mantienen una conversación dando a cámara de manera muy antinatural, los personajes entran y salen de escena por puertas igual que en las obras de teatro y se evita el plano contraplano por economía, dando en su lugar planos que recuerdan a los culebrones latinoamericanos. En otro nivel está la problemática del diálogo, que los personajes hablen sin parar y no haya apenas acción es algo comprensible, aunque en la escena en la que Crooker-Harris vuelve a su aula y se encuentra allí con el nuevo profesor el monólogo está introducido con calzador.

A pesar de las carencias que tiene, de que la dirección de Anthony Asquith no sea mejor que la de cualquier representación de Estudio 1, la película merece una buena revisión por la calidad del guión y por la interpretación de Michael Redgrave. Al menos en esta ocasión la dirección llevada a desgana no destroza la rica complejidad del texto; lo que replantea es la condición de autor que se le otorga por antonomasia a la figura del director.



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