Nos habíamos amado tanto

nos habiamos amado tanto
Un mes antes del estreno de Una mujer y tres hombres murió Vittorio de Sica, en la película aparece gracias a unas socorridas imágenes de archivo en las que cuenta cómo hizo llorar al niño de Ladrón de bicicletas al final de la película. Le puso colillas en los bolsillos y lo acuso de haberlas robado; tras tan tierna anécdota se vislumbra un acercamiento de dos mundos paralelos que no se unen en el infinito, el de la ficción cinematográfica y el de la realidad efectiva, un mundo de las ideas y un mundo de las cosas. La conflictiva entre lo ideal y lo material es uno de los motores que empuja Una mujer y tres hombres a través de 30 años de la vida de cuatro convencidos izquierdistas.

Nicola, Gianni y Antonio lucharon juntos contra la entrada de los nazis en Alemania, al final de la guerra cada uno volvió a su ciudad, pero a los cinco años coinciden de nuevo en Roma y los tres se enamoran de la misma mujer. La relación entre ellos se deteriora y cada uno tomará su camino a partir de entonces. En ésta primera parte se hace uso del blanco y negro, respetando las posibilidades cinematográficas que había en la Italia que se está representando; más tarde se usará el color para los 60 y 70, por entonces el cine italiano ya había adoptado el color en sus películas. Y es que Una mujer y tres hombres, además de hablarnos del amargo devenir una generación, es un encendido homenaje a la historia del cine italiano. En esta primera parte en blanco y negro conocemos a los personajes y el motivo de su separación.

Nicola es un amante del cine a través del cual florecerá la reivindicación que Ettore Scola hace de la cinematografía italiana. Tiene una divertida escena en la que se enfrenta en un cineclub a los fascistas de su universidad tras ver Ladrón de bicicletas; los fascistas dicen que es mejor lavar los trapos sucios en casa, y no mandarlos alrededor de todo el mundo a través de las películas. Este argumento está anclado directamente a la realidad, es el mismo argumento que usó el gobierno italiano para intentar impedir que se difundiera el neorrealismo, aunque sin éxito. Nicola está interpretado por el más desconocido Stefano Satta Flores, su ferviente amor por el cine nos deja en esta primera parte otro momento memorable cuando recrea en las escaleras de la Piazza di Spagna la escena de las escaleras de Odessa de El acorazado Potemkin. Es muy radical, abandona a su mujer e hijo por ser incapaz de renunciar a su ideología de izquierdas. Su suerte en la vida será desigual por ser incapaz de ceder ante los demás, es una de las antípodas que presenta Scola.

La otra antípoda la representa Gianni, interpretado por Vittorio Gassman, un idealista que se pliega al gran poder casándose con la hija de un magnate de la construcción. Como no podía ser de otra manera, es infeliz, se contagia de las ansias de poder de su suegro y termina renunciando a todo. Esta familia está presentada por Scola con un puntito de corrosiva comedia, son incapaces de encontrarse en la casa porque es demasiado grande y siempre están pegándose gritos para encontrarse unos a otros, son gordos y obscenos. Mientras que Gianni se va convirtiendo a la vulgaridad de lo que le rodea, su mujer, que en principio encontraba complicado leer Los tres mosqueteros de Dumas (otro momento muy divertido) encuentra la inspiración en existencialistas como el Antonioni de El eclipse. La mujer hace suya la frustración de Monica Vitti, pues su situación de aislamiento es la misma. Resulta curioso que a las imágenes de la película, Scola le añada el sonido del viento, uno de los símbolos recurrentes en la película de Antonioni. El suegro de Gianni es la representación del más descarado fascismo, un enorme y desagradable gordo que tiene un busto de Mussolini en su despacho. Otro de los puntos de irónica comedia es cuando, con el paso de los años, el suegro termina siendo transportado en una cabina llevada por una grúa de la construcción.

Antonio es el tercero de los amigos, un humilde enfermero sin demasiadas aspiraciones. Es el que primero se enamoró de Luciana, y el que se la sigue encontrando a través de los años. En una escena antológica llega con su ambulancia al lugar de un rodaje, es La Dolce Vita y por allí aparecen los auténticos Marcello Mastroianni y Federico Fellini. Encuentra en la Fontana di Trevi a Luciana, y más tarde volverla a encontrarla; al final consigue casarse con ella, aunque no sabemos hasta qué punto es un matrimonio feliz, parece que a ella le quedaban pocas alternativas como madre soltera.

Al final los tres amigos se terminan encontrando en una escena llena de amargura en la que rememoran lo pasado, y miran con amargura el presente, sabiendo que no es ese el futuro que esperaban cuando eran jóvenes. Una mujer y tres hombres es una película sobre la decadencia de una generación llena de felices promesas, sobre las oportunidades perdidas con los años, sobre haber desperdiciado la vida. Y al mismo tiempo es una humilde reivindicación de la historia del cine italiano cargada de ternura. En Una mujer y tres hombres hay algunos aciertos de Scola que son clave para que la película simplemente encaje: el toque de tragicomedia tan propio de los italianos, tan dulce pero tan amarga al mismo tiempo y una estructura realmente compleja pero muy bien engarzada y solventada para que se desgrane ante los ojos del espectador sin complicación aparente. La dirección de Ettore Scola es muy inteligente, hace fluida una película que podría haber sido inabarcable. La puesta en escena es bastante original, aprovecha de manera inteligente los recursos de los que dispone, como en el momento en la que Nicola escribe una carta a su mujer y esta aparece en el plano gracias a un cambio de iluminación que hace la función que en el cine clásico desempeña el plano encadenado. Se nota en Scola que tiene la lección aprendida, que se conoce bien la historia del cine italiano y aprovecha los recursos que ésta le brinda. Una mujer y tres hombres cabalga siempre al filo del dramatismo banal, por suerte sólo se pasa al otro lado en un par de ocasiones: cuando Luciana aparece en las fotos de carnet llorando, o cuando se muestra la ruptura de Gianni y Luciana en el momento dramáticamente oportuno. La música, por otro lado, está demasiado imbuida de la moda de las bandas sonoras italianas de los 70, hoy puede resultar algo anticuada. Por el lamentable título en español no se puede culpar a nadie en particular. Por lo demás, Una mujer y tres hombres es una película excelente.

Scola sabe cómo combinar drama y comedia para crear una sensación de melancolía constante. A eso se le añade una capacidad que comparte con tantos directores italianos (Pasolini, Fellini y De Sica, por ejemplo), la de crear imágenes emblemáticas, iconos de la historia del cine. Sin el lado amable, Una mujer y tres hombres sería una película demasiado dolorosa, puede ser duro ver esta película a los 50 años, obliga a capitular y a preguntarnos si estamos contentos con el modo en que ocurrieron las cosas en nuestra vida.



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s