Odisea

sansho
Gracias a Google, se tiene la falsa sensación de que se puede acceder a cualquier conocimiento muy fácilmente, esto afecta de manera irremediable al modo en que los usuarios de internet entendemos la información. Para alguien como yo, la sensación de descubrir algo que afecte de manera definitiva alguno de los aspectos de mi vida es un espejismo, sólo se puede sospechar lejanamente la magnitud de tal acontecimiento. Yo sólo puedo intuir la sensación de aquel que vio en la sala oscura del Festival de Venecia de 1950 una película japonesa titulada Rashomon. Por supuesto, la película de Akira Kurosawa ganó el León de Oro, y a partir de entonces, el público occidental descubrió más de 50 años de cine japonés, un cine que había desarrollado un lenguaje cinematográfico desde sus propias claves culturales y que abría un mundo de soluciones nuevas. En un principio, el interés de Occidente se centró básicamente en películas que acomodaban sus historias en el periodo Edo, pero este interés superficial por lo exótico no hacía justicia a la calidad estrictamente cinematográfica de la ganadora del León de Plata de 1954.

El intendente Sansho es un drama sobre dos hermanos que viven una odisea para salir adelante; la historia, como en la película inmediatamente anterior de Kenji Mizoguchi, está muy influida por los cuentos populares japoneses y el guión, a pesar de encadenar las situaciones de manera inteligente, no pasa de ser una historia más o menos convencional con un fondo que aconseja la bondad como principal valor del ser humano. La definición de los personajes es algo maniquea y el desarrollo del interior de los personajes es de lo más básico. Hace poco terminé de leer Cine y literatura, un pequeño ensayo de Pere Gimferrer en el que analizaba el papel del guión en la producción cinematográfica; elegía Imitación a la vida de Douglas Sirk como ejemplo de película en la que la calidad propiamente cinematográfica emanaba directamente de la imagen y no de su flojísimo guión. El ejemplo podría haberse fabricado también a partir del caso de El intendente Sansho, su guión no es tan rematadamente malo, conserva un aire de cierta inocencia y los avatares que sufren los personajes están dosificados con inteligencia, pero es evidente que lo que convierte esta película en algo inmenso es su apabullante profundidad formal.

En El intendente Sansho hay un trabajo sobre la construcción interna del encuadre asombroso, el árbol sin hojas se convierte en un símbolo que invade una y otra vez el plano, como en este momento en el que vaticina silenciosamente la tragedia. El movimiento de la cámara, como en todo Mizoguchi, se convierte en un instrumento básico tanto para escenarios naturales como para interiores; sorprende mucho la forma en que desarrolla una coreografía engarzada a los movimientos de los personajes, realizando travellings y panorámicas sobre los movimientos que los actores realizarán poco después, anticipando sutilmente sus reacciones, como cuando Taro se aparta de los hermanos para después volver poco a poco a ellos en el minuto 35. Encontrar fuera de los límites de Japón un desarrollo tan inteligente de la movilidad de la cámara en aquellos años parece una misión imposible; tanto el Neorrealismo como la Nouvelle Vague habían usado cámaras ligeras, pero con resultados bastante más toscos. También resulta llamativo que, en muchas ocasiones, la composición del encuadre recoja un punto de fuga clarísimo que dota el plano de una profundidad de campo muy pronunciada. El modo de dirigir de Kenji Mizoguchi parece acercarlo a la figura del director de fotografía. En El intendente Sansho trabaja muy cerca de Kazuo Miyagawa, y la apariencia formal de la película es producto del trabajo conjunto; la iluminación es un punto esencial de la película, resalta especialmente las texturas y, por la dificultad que entraña, se hace necesario aludir a la fotografía en los exteriores naturales, fantástica.

El intendente Sansho es una de las cumbres de un lenguaje cinematográfico distinto, intransferible. A pesar de la innegable condición de autor de algunos maestros de Hollywood, se hace difícil superar los abismos que separan los lenguajes de, por ejemplo, Mizoguchi y Ozu, tanto entre ellos como entre uno de ellos y todos los demás. El intendente Sansho carece de un guión a la altura de la dirección, El intendente Sansho es grande especialmente en los aspectos que hacen grande al cine como medio de expresión autóctono. ¿Cuántas veces habré tenido que escuchar en los cuatro años de carrera que no puede haber una buena película sin un buen guión? La próxima vez que algún profesor diga eso, le arrojaré con furia una lista de películas que transgreden sus dictados inamovibles. Por supuesto, El intendente Sansho encabezará tal lista.


2 comentarios on “Odisea”

  1. Un saludo desde la revista de literatura oriental Gran Garabaña. Te invitamos a visitarnos en la página http://www.grangarabana.com. En nuestra primera edición tenemos un especial de literatura japonesa, esperamos tu visita y comentarios que tendremos en cuenta para mejorar la próxima edición.

  2. Summerand dice:

    Hola! antes que nada decirte que tu blog me encanta! :)

    y que lo empiezo a seguir desde ahora.

    Lo segundo, que aquí tienes el link de mi blog por si quieres pasarte y seguirme tu tambien:

    http://noticiasdeterror.blogspot.com/

    nos leemos!!:D


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