Caída y redención de dos ángeles

La bahia de los angeles
Si en Los paraguas de Cherburgo Jacques Demy ofrecía una película que sublimaba el género musical y atendía principalmente a aspectos musicales y estéticos, en La bahía de los ángeles no existe tal depuración formal, pero en cambio tenemos un contenido más significativo.

La bahía de los ángeles apenas llega a los 80 minutos, y aún así le sobran los primeros 15. La espiral ludopática en la que se insertan los protagonistas no pedía tal introducción en la que se muestra como Jean se aficiona al juego salvo si tenemos en cuenta que tiene una intención moralista que la conecta con el final redentor. El mensaje didáctico que anuncia el prólogo sobre la adicción que causa el juego es infantil e innecesario, más si tenemos en cuenta que, de acuerdo a su temática, ésta es una película para adultos. La moral está encarnada en la figura del padre dominante que expulsa a su hijo de casa y que lo recogerá, arrepentido, al final. Un primer cuarto de hora excesivamente explicativo, innecesario y que se podría haber incorporado en un par de líneas de diálogo más adelante es capaz de arruinar toda una película, aunque lo que venga después sí que esté abordado con más acierto.

A pesar de que la sutileza no es el fuerte de Demy, la película remonta mucho cuando Jean llega a la Costa Azul y, sobre todo, cuando encuentra a Jackie, personaje magnético encarnado por una Jeanne Moreau rubia. A partir de aquí, La bahía de los ángeles explica como Jean se hunde poco a poco de la mano de Jackie en un mundo en el que la miseria y el lujo se rozan de acuerdo a lo que dicte la suerte. La historia de amor es un instrumento para Jackie, una herradura que cree que le trae suerte; Jean se enamora sinceramente de ella. La relación está corrupta desde la base, y los sentimientos fluctúan desde la pasión encendida hasta el odio mutuo. El guión presenta desviaciones sentimentales bastante interesantes, pero a Jacques Demy le falta concretarlas un poco más, es un director demasiado inocente y benévolo con sus personajes. Se puede argumentar que la época impedía mostrar una relación tan atrofiada; difícil quizás, pero no imposible: para entonces La Dolce Vita ya tenía tres años, por ejemplo.

La dirección tiene sus aciertos y sus fallos. La bahía de los ángeles tiene una bonita fotografía de los paisajes de la Costa Azul francesa, los momentos en los que la bola empieza a rodar en la Ruleta están rodados con bastante acierto y el uso del travelling es una especie de marca de la casa que ya vemos en los títulos de crédito. Por contra, el aspecto técnico de la cinta demuestra cierta falta de profesionalidad. Hay momentos en los que el sonido no es demasiado bueno y se notan saltos de volumen entre un plano y el siguiente, pero lo peor es el montaje. Demy incurre en fallos de encadenamiento de los planos bastante básicos: no se puede saltar de un plano general a un primer plano y no se puede pasar de un plano a otro sin que haya al menos 40 grados de separación entre ellos con respecto a lo que estamos grabando. Por otra parte, hay momentos en los que el ritmo es demasiado acelerado, en los que los acontecimientos se suceden sin una progresión lógica, como en la última escena en la que Jackie cambia repentinamente de opinión para irse con Jean y dejar el juego. Cada escena está bañada con la insistente música de Michel Legrand; el tema central es muy bonito pero demasiado insistente.

En cualquier caso, cuando uno acaba de ver La bahía de los ángeles y empieza a valorarla en conjunto, se dejan de percibir como capitales las deficiencias argumentales y el atolondramiento de la película. Son fallos que siguen estando ahí, que afectan de manera general pero que se concentran especialmente en los primeros minutos y en el último plano. El problema es que, por norma general, los primeros compases de una película condicionan lo que percibirá el espectador del resto del metraje, y uno no puede dejar de pensar que La bahía de los ángeles es un drama moralista sobre el juego, los fallos se amplifican por las características del lenguaje cinematográfico.



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