Otra comedia

Midnight
Woody Allen siempre ha aspirado a ser un director serio al modo de, por ejemplo, Ingmar Bergman, pero su vertiente existencialista, salvo en grandes excepciones como Delitos y faltas, siempre ha estado mejor plasmada en sus comedias. En una entrevista con Eric Lax el neoyorkino afirmaba que la comedia es un género más difícil de abordar con éxito, pero que el drama es el único género capaz de plantear hipótesis profundas sobre el comportamiento y sentir del ser humano.

En Comedia sexual de una noche de verano no se intenta dar explicación a los impulsos sexuales, es una película modesta que plantea en clave cómica las desviaciones sentimentales de tres parejas que van a pasar un fin de semana en una casa de campo. En el plano del guión, ésta es una película de Woody Allen al uso: diálogos ingeniosos, temas habituales y gotas de intelectualismo. Luego, también tenemos el mismo equipo técnico y artístico de siempre: Tony Roberts, Mia Farrow, Santo Loquasto, Mel Bourne, etc. Pero hay una notable excepción en esta cinta, algo que la eleva aunque sea un poco sobre otras comedias demasiado parecidas del director: el tratamiento formal de la cinta. Para esta Comedia sexual de una noche de verano aparece un Allen sinceramente preocupado por el aspecto visual que ofrecen sus películas, y, además, cuenta con Gordon Willis. En sus primeras comedias, Allen parecía no querer desviar la atención de su chiste, no ofrecía una composición del encuadre demasiado elaborada, el centro era el diálogo y lo demás podía distraer. En esta película hay un uso mucho más elaborado de la fotografía y la construcción del plano, aunque sí es cierto que los momentos visuales más poéticos están separados de las escenas más cómicas por la música de Mendelssohn. Woody Allen quiere ir más allá de su condición de monologuista, pero no parece estar muy seguro de que sus aspiraciones como director serio sean compatibles con ésta.

En cualquier caso, la fotografía de Gordon Willis debe ser con la que cualquier director de fotografía sueña. El argumento permite que el fotógrafo presente el lado más amable de la naturaleza, no importa que sea una belleza convencional. La composición del encuadre también es algo más compleja que en algunas de sus anteriores películas, Allen busca nuevas soluciones y llama la atención el uso del espacio en off: juega en algunos momentos con lo que no podemos ver, objetos se interponen entre la cámara y los personajes impidiendo la clara visión. Parece como si el director nos quisiera ocultar a sus personajes, como si quisiera situarnos en un rol de observador morboso del clima de libertad sexual anacrónico centro de la película. Comedia sexual de una noche de verano carece de pretensiones, muestra las desviaciones sexuales de un grupo de personajes estereotipados: el médico casanova que se enamora perdidamente, el intelectual pedante que pierde la razón, la enfermera simple que se siente atraída por el intelectual y demás. A esta receta simple se le añade un punto de magia muy del gusto de Woody Allen, que está, por ejemplo, en La rosa púrpura del Cairo y en Alice y que cierra la película de manera amable, simpática e intranscendente.

Con el paso de los días, uno empezará a confundir el argumento de ésta con el de muchas otras cintas del director, pero poco importa, porque Allen no tenía altas pretensiones con Comedia sexual de una noche de verano, sólo es otro ejemplo de lo realmente apasionante que le resulta hacer cine.



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