Pianissimo

La pianista
Uno, que es de influenciable de condición, siempre confió en la palabra de su profesor de historia del cine y creyó que Michael Haneke era un poco farsante. El ilustre profesor argumentaba que el cine del austríaco le parecía éticamente inaceptable porque se catalogaba a sí mismo como un director de vocación realista, y sus películas no son realistas. Tras ver varias películas del director, uno se va dando cuenta de la vacuidad de la crítica, del tufillo elitista que desprende.

La pianista está basada en la novela de la ganadora del premio Nobel Elfriede Jelinek, es otra película de extremos encontrados: la placidez frente al masoquismo, la elevación artística al lado del lodazal más profundo. Durante dos horas asistimos a una disección profunda de las motivaciones y frustraciones de una profesora de conservatorio que vive constreñida por la influencia dominante de su madre y por una timidez disfrazada de autosuficiencia. Erika es incapaz de traducir en éxito todos sus conocimientos teóricos sobre música, y su frustración alcanza físicamente a su mejor alumna en una escena rodada con mano maestra. Si tenemos que repartir méritos, Isabelle Huppert gana la partida. Hace poco leía un libro de memorias de Bergman en el que el sueco hablaba de cómo Victor Sjöström le había robado Fresas salvajes. El actor había fagocitado a su personaje y lo había hecho tan suyo que había conseguido eliminar cualquier conexión emocional entre Borg y Bergman. Isabelle Huppert se acerca a ese nivel de simbiosis con Erika. A los actores les deberían dar el plus de peligrosidad, por si algún día no consiguen volver. Me gustaría saber qué es lo que opina Jelinek del trabajo de la actriz francesa.

La dirección de Haneke se planifica en favor de la pareja principal, nada de reclamar un protagonismo innecesario, mantiene el plano todo lo que puede. En Huppert y Magimel recáe el trabajo de dar el máximo en esos grandes escenarios asépticos y elegantes, o en esos espacios reducidos llenos de sombras y luces. La pulsión de la imagen le resta parte de importancia al montaje como proceso creador de la película. Por otra parte, el retrato de mujeres corruptas tiene un antecedente claro y meridiano, Gritos y susurros, y Haneke lo sabe. Toma la película de Bergman como referencia clave de la historia del cine para construir su película y hace referencia visual y oral a ella dentro de su pianista. Visualmente, en la escena en la que Erika, en el cuarto de baño de su casa, saca una cuchilla de su bolso y se la introduce en la vagina. En los diálogos, cuando le dice a su pupila que los pasajes de Brahms son como susurros acompañados de gritos. La otra gran referencia artística a la que recurre Haneke, es, naturalmente, la música clásica. No se aprecia nada de música extradiegética, toda melodía proviene de la propia imagen y el repertorio está seleccionado con mimo e interpretado con delicadeza.

No se puede obviar, por otra parte, que la película, en su afán de resultar fiel a los objetivos y pasajes del libro, se vuelve algo monótona en su parte central. Se suceden algunas situaciones hermanas que no descubren demasiado de las personalidades de los protagonistas, ni hacen avanzar la acción tampoco. La enésima muestra de que el lenguaje literario necesita de una transformación para convertirse en un lenguaje cinematográfico convincente. En cualquier caso, el recorte de minutos que, en mi opinión, mejoraría la cinta no echa a perder el conjunto, solo lo hace un poco más indigesto. Y cuando los créditos empiezan a sucederse, uno se da cuenta del objetivo real de la cinta: nos hemos acercado a una mente perturbada y todo ha resultado de lo más convincente, el lado oscuro de Erika termina resultando mucho más cercano de lo que en principio nos pudiera parecer. Y yo me doy cuenta de que la concepción realista que tiene Haneke de sí mismo no va tan desencaminada como Carlos Colón pensaba, porque todo es más natural de lo que en principio pudiera parecer. Pensaba que no cabría por la pequeña boquilla de la botella que da a parar al cosmos de esta pianista, pero el embudo que nos facilita Haneke nos hace caer hasta el fondo, encima de unos cristales tan afilados como el cuchillo que Erika se clava en el plano más brutal de la película.

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3 comentarios on “Pianissimo”

  1. Irene dice:

    Si lo que pretendía Haneke era dejar al espectador con una sensación horriblemente perturbadora, al menos conmigo lo ha conseguido. En especial la escena violenta entre el alumno y la profesora en casa de ella.
    Alucinante

  2. Irene dice:

    Si lo que pretendía Haneke era dejar al espectador con una sensación horriblemente perturbadora, al menos conmigo lo ha conseguido. En especial la escena violenta entre el alumno y la profesora en casa de ella.
    Alucinante, pero no creo que vuelva a verla en un laaargo tiempo


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