Las sirenas y los fusiles

La sirena del Mississippi
La sirena del Mississippi, hecha por la productora de Truffaut Le films du Carrose, es la 8 ½ película del parisino, basada en la novela Waltz into Darkness de William Irish. Se embarcó en ésta producción tras la inmensa Besos robados, y la verdad es que poco tienen que ver. Si la película sobre Antoine Doinel siempre la he sentido como algo ajeno a cualquier tipo de género, La sirena del Mississippi es más bien al contrario, es cine noir en el que la música de Antoine Duhamel, los diálogos, las actuaciones de Belmondo y Deneuve y la concepción de las situaciones van a dar a una película en la que los rasgos propios del género se reconcentran en extremo, rozando en algún momento la parodia.

La dirección de François Truffaut es inspiradora, se decanta por ofrecer planos largos, en los que muchas veces hay sofisticados travellings. Es curioso comprobar cómo el director se encaminaba poco a poco a un modelo de cine mucho más convencional, olvidando sus inicios rupturistas. En La sirena del Mississippi se mantiene un modo de narrar bastante convencional, aunque al final la trama no se cierra y queda en el aire. De los elementos técnicos y artísticos hay que resaltar la excelente música del ya mencionado Antoine Duhamel, que toma las constantes de la música propia del cine negro y las retuerce llevándolas al extremo. En la música encontramos una buena pista para saber que la intención de Truffaut con La sirena del Mississippi es reescribir el género negro a su manera, en favor de sus propios intereses.

Y al final, en La sirena del Mississippi>, de lo que se habla es del amor. Si su forma es de cine negro, su fondo es melodramático, habla de la relación destructiva que mantienen Marion y Louis. La película se corona con un final muy ingenioso en la cabaña, que deja por fin clara la extraña relación de amor-odio que mantiene la pareja. A la intención de Truffaut le viene como un guante Catherine Deneuve, me atrevo a pensar que la tenía en mente mientras desarrollaba el papel de Marion. Su hálito de frialdad se mezcla con puntuales arrebatos de pasión, y ofrece una actuación sobresaliente. Jean Paul Belmondo también está bastante bien, aunque había más dificultad en el personaje de Deneuve.

Una película que se disfruta, entretiene, ofrece una gran dirección y una idea sobre el amor un tanto masoquista. Desde luego no es ni Jules y Jim, ni Los 400 golpes, es más bien de un interés secundario dentro de la filmografía del director francés, pero en los libros canónicos de historia del cine hay películas escritas con letras de oro que no tienen ni por asomo el mismo interés que ésta sirena procedente del Mississippi.

The Coast Guard
Por su parte, The Coast Guard se me presentó fortuitamente como la segunda película con la que conocer un poco más el cine de Kim Ki-duk, tras la muy notable Hierro 3. Por lo visto este cineasta es bastante polifacético; con The Coast Guard me ha dado esa sensación, ya que se aparta en gran medida (aunque no completamente) del profundo lirismo de su más aclamada película y trata unos temas muy distintos.

En Corea del Sur, la costa está custiodada por el ejército con el fin de evitar la entrada de espías en el país. Los militares que escudriñan la orilla tienen libertad para disparar sobre cualquier persona que ande por ese terreno prohíbido, a pesar de que los espías brillan por su ausencia. El soldado Kang, obsesionado con las consignas de sus superiores, busca durante sus noches de vigilia cualquier rastro de movimiento para conseguir condecoraciones. Una noche ve movimientos raros y sin pensarlo dos veces dispara, matando a Young-kil, un civil que estaba haciendo el amor con su novia, Mi-yeong. Tras el suceso, tanto el soldado Kang como Mi-yeong perderán la cabeza, cada uno en un sentido distinto.

Mi-yeong se refugia en la locura para poder sobrellevar el hecho traumático, mientras que el soldado Kang se ve absorbido por su rol en el ejército y a pesar de que le dan la baja sigue deambulando por la base militar. Ésta es el epicentro de la historia, en el sentido de que del recinto militar surgen todos los males: la alienación que sufren los protagonistas, los estallidos de violencia, la supresión de cualquier síntoma de humanidad, la paranoia… La propuesta ideológica de The Coast Guard se acerca bastante a la de Joint Security Area, ambas denuncian la paranoia y la pérdida resultantes de la división iniciada durante la II Guerra Mundial.

Kim Ki-duk, como buen asiático, consigue que emane el lirismo de las más brutales situaciones, como ocurriera en la trilogía de su compatriota Park Chan-wook, por ejemplo. En los momentos de la brutalidad más extrema, como cuando le practican el aborto artesanal a Mi-yeong, empieza a sonar una dulce nana. En la distorsión entre lo que muestran las imágenes y lo que transmite la música Kim Ki-duk encuentra un buen filón que explotar, introduce al espectador en la mente de los personajes y hace que los comprenda. En general, la película está llena de detalles surrealistas, especialmente remarcables son tres, en mi opinión. El primero es la escena en la que, tras el aborto, llena de sangre, Mi-yeong se mete en el acuario; el segundo detalle es cuando hacia el final, Ki-duk distorsiona la imagen de Kang conforme va volviéndose loco; la última de ellas es el final, donde la violencia se traslada a las calles, a la sociedad, convirtiéndose en real (aquí hay mucho que rascar). De todas formas, The Coast Guard no alcanza la finura de la poesía de Hierro 3; en éste sentido está un paso por debajo. La idea que se encuentra detrás de la película es más evidente y directa.

A pesar de los evidentes paralelismos que existen entre ésta y otras películas surcoreanas, The Coast Guard encuentra la inspiración básicamente en dos películas norteamericanas: La chaqueta metálica y Apocalypse Now. Y es en la comparación con éstas donde se ven las verdaderas flaquezas de la película de Kim Ki-duk; en el fondo no tiene nada que haga vislumbrar una película brillante. El mensaje es muy claro: la violencia desencadena únicamente más violencia, pérdida y dolor; quizás el haber visto ésta idea detrás de tantas otras películas y ver que ésta no aporta algo mucho más allá de sus predecesoras es lo que hace que The Coast Guard no pase de ser notable a sobresaliente. Es compacta, coherente e interesante y la dirección es muy buena (aunque comparta propuesta estética con un buen puñado de películas asiáticas), pero el mensaje ya lo conocemos desde Vietnam.



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