De profetas a la sombra

Un prophete Jacques Audiard, ese nombre se va a apuntar en la libreta de directores a los que seguirle la pista con letras de oro. En Un profeta Audiard recoge la vertiente francesa del cine negro y la reformula, la funde con un lenguaje fílmico con el que el polar todavía no se había encontrado, dota de renovada vitalidad un género mortecino. Un profeta es, ante todo, una película viva.

Todas las decisiones tomadas en referencia al guión, a la dirección, al montaje o a las actuaciones transforman la película en una experiencia que termina trascendiendo la pantalla, al final sentimos el aliento de Reyeb en el cogote. Y es curioso comprobar que los mecanismos que Audiard utiliza para conseguir ésto se alejan meridianamente de los usados por el Modelo de Representación Institucional; en el Hollywood clásico la identificación con el protagonista es un pilar fundamental para conseguir la implicación del espectador, en Un profeta no se introduce al espectador en la historia, se traslada la historia a donde está el espectador. Se me presenta éste como uno de los motivos por el que la película no ha recibido la notoriedad que merece, está fuertemente ligado a la sociedad francesa, a una cultura en proceso de transformación que está regulando como puede las fricciones entre razas y religiones.

Otro de los elementos que ayuda a Un profeta a sobrepasar la etiqueta de cine de género es su renuncia a guiar moralmente al espectador, Audiard no da un camino de opiniones definido que el espectador tenga que interpretar. He leído por ahí varias críticas en las que se afirma que la película es una crítica a la ineficacia de las prisiones como centros de rehabilitación; yo soy de la opinión de que Audiard considera eso una obviedad, lo da por supuesto y sobre eso construye las bases de su película. La cámara se sitúa por encima de los personajes, no los acoge con cariño, los mira tal como son sin emitir juicios morales y así estos adquieren independencia y capacidad de decisión sobre sus creadores.

Un profeta es una película cuidadosa en todos los sentidos, su realización sólo se puede etiquetar de espontánea en un estadio superficial de la interpretación. El detallismo del que hace gala Audiard (como máximo representante, aunque se podría pormenorizar la aportación de cada participante en la película) puede pasar desapercibido, pero está ahí en escenas como la que se desarrolla en la casa del amigo de Malik o la de Marsella. Todo este cuidado del detalle opera en favor de la definición del protagonista, en favor de construir una personalidad poliédrica para Malik El Djebena. En el éxito de la empresa también tiene mucho que ver el actor protagonista, cómo no cuando es dueño y señor de los 150 minutos de película. El desconocido Tahar Rahim es todo un descubrimiento, parece que de los suburbios franceses puede salir algo más que futbolistas.

Un profeta es descarnada, está construída con crudeza y crueldad no sólo en escenas violentas como el asesinato de Reyeb o la matanza en el coche (las que para mí son, además, las mejores escenas de la película) sino también en la intermitente representación del estado mental del protagonista. Sus sueños son inquietantes, pero en la visión constante que tiene Malik con su primera víctima es dónde cristaliza con mayor aspereza la psicología del protagonista, culpable ante su conciencia y quizás también ante un Dios en el que dice no creer. La solución que toma Audiard para representar el sentimiento de culpa de Malik conecta Un profeta con Thirst, de Park Chan-wook. Ambas películas, tan distantes en el mapamundi y en su manera de entender el cine, toman una resolución sospechosamente similar para representar la culpa, sólo las salva de la suspicacia el que se realizaran casi al mismo tiempo.

Con Un profeta, Jacques Audiard ha actualizado con éxito las constantes de un género hoy anquilosado. De seguro que esa tarea mastodóntica no servirá para dar una segunda juventud al polar, pero me quedo con que la película es el glorioso resultado de un Audiard que no tembló ante los riesgos que asumía.



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