El sufrimiento mental

The Hurt Locker
En tierra hostil sigue la vida de William James, Sanborn y Eldridge, tres soldados de la unidad de artificieros mandada por el gobierno de Estados Unidos a Iraq. La película está estructurada en una serie de capítulos en los que se irá descubriendo la personalidad de cada uno de los protagonistas.

Kathryn Bigelow se sirve de ésta sencilla premisa para desarrollar un estilo de dirección que emula la crónica y da un aspecto nervioso y urgente a la película. A decir verdad éste estilo de dirección basado en la cámara en mano ya lo hemos visto en muchas películas en estos últimos años (Syriana o Babel, por ejemplo), no obstante, la dirección de Bigelow es bastante contundente y, aunque no inventa nada, resulta interesante. En tierra hostil contiene algunas escenas que hacen uso de una potencia visual notable, momentos como el primer trabajo de William James, el descubrimiento del niño bomba o la imagen en la que el protagonista se mete en la ducha con el traje puesto y éste empieza a chorrear sangre. El estilo que la acerca a la crónica visual disfraza con bastante acierto el hecho de que la película carece de un posicionamiento ideológico claro en torno a la guerra que está describiendo.

En Roma, ciudad abierta, Rossellini adoptaba un modelo de crónica (en el sentido del distanciamiento de los personajes y demás) porque los horrores de la guerra se mostraban por sí solos, en cada escombro, en cada niño solitario. En tierra hostil no es una película que quiera denunciar los horrores de la guerra porque no se sitúa en el lado de los desamparados, se posiciona al lado de los soldados norteamericanos obviando que lo que están haciendo es invadir un país por motivos económicos y disfrazando la insurgencia de los iraquíes de actos de terrorismo. Su frivolidad en torno a una guerra que aún está en curso es tan predecible como desasosegante. Comprendo que se puedan hacer películas sobre episodios de guerra sin situarse en una posición crítica concreta, pero en éste caso, posicionarse se antojaba más necesario que nunca. Con todo, no creo que éste sea un motivo suficiente como para descalificar por completo a la película.

Lo que sí muestra con acierto Kathryn Bigelow en la película es el desarrollo de la personalidad de los personajes, cómo se vuelven seres dependientes de la guerra que no pueden reinsertarse en la sociedad. El cambio irrevocable en la forma de ser que produce la guerra es un tema que ha pasado ya por muchas películas, desde Apocalypse Now hasta Jarhead, y como colofón final queda un poco flojo, pero lo que sí que está bastante bien es el modo en que vamos conociendo a los personajes a través de detalles y el modo en que cambia su forma de ser en el contacto con los demás. Hay alguna que otra reacción de William James que no parece demasiado coherente, aunque puede ser sólo una impresión mía.

No sé muy bien por qué, pero esperaba una película de algún modo original, que se apartara de los senderos que han sido tan transitados en éstos últimos años y lo que me he encontrado es un más de lo mismo con la salvedad de que está bien hecho. Me ha resultado un pelín decepcionante, aunque tiene algunas virtudes que la elevan un poco por encima de la media y que la salvan de ser una de esas aburridas y desconcertantes películas sobre la guerra.



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