Cuatro noches de esperanza

Noches blancas
Noches blancas es la adaptación de una novela corta que escribió Dostoyevski al inicio de su carrera como escritor, en 1848. Se trata de un melodrama de estructura clásica en el que un oficinista, Mario, conoce a Natalia. Mario se enamora de ella, pero Natalia sigue esperando a su antiguo novio, el cual le prometió que al cabo de un año volvería.

La historia sobre la que se construye Noches blancas es bastante habitual dentro del terreno del melodrama, lo verdaderamente original es lo que Luchino Visconti añade en lo referente a la dirección: introduce un toque siniestro muy estilizado que le da una nueva dimensión a la película apoyándose en elementos como los decorados y la iluminación. Noches blancas es la confirmación de que Visconti se alejaba definitivamente del Neorrealismo y se decantaba por un modelo de cine que hacía de una puesta en escena muy barroca su sello. Ésta nueva dirección que toma su cine desde Senso y en adelante le dispensó a Visconti tantas malas críticas de los defensores del Neorrealismo como aplausos por parte de la crítica con menos anteojeras. De parte de ésta última recibió el León de plata en el Festival de Venecia de 1957.

Si convenimos que la construcción de la puesta en escena se convierte en algo esencial para Visconti, debemos hacer una ineludible mención a los estudios Cinecittá. Durante los créditos del principio aparece un texto que dice: “Los productores de la presente agradecen a Cinecittá por su alta técnica y excepcional contribución para esta película”. Este gesto resulta significativo en una doble vertiente: por un lado hace evidente que la película no sería en modo alguno la misma sin la pormenorizada construcción de escenarios que se lleva a cabo en Cinecittá, y por otro lado evidencia que Visconti da de algún modo la espalda a su pasado neorrealista para construir su película en el lugar que se convirtió en símbolo del cine artificial.

Cinecittá se construyó durante el régimen de Mussolini con la intención de plantar cara a las producciones de Hollywood. Tuvo algunos años de intensa actividad, pero en 1943 los nazis la bombardearon y quedó destrozada. Coincidiendo con el cierre de Cinecittá surgió el Neorrealismo, que rechazaba las películas de estudio y se lanzaba a la calle a retratar el estado de las cosas. En los años 50 el estudio reabre sus puertas para construir los decorados de una larga lista de películas, entre ellas la película de Visconti.

Para Noches blancas se construyen unos minuciosos decorados, de aparante afabilidad pero llenos de recovecos que ocultan la pobreza, la prostitución y las miserias de la sociedad. En el pueblo de Noches blancas los personajes saltan de escenarios de tranquila rutina a sitios siniestros y oscuros donde los personajes están desubicados y desprotegidos. El otro elemento técnico que refuerza este aura kafkiano es la fotografía de Giuseppe Rotunno, que viene y va, configurando una ciudad de claros y oscuros, de luces y sombras. El trabajo del director de fotografía es excepcional, con un cuidado máximo de los detalles que se encuentran en segundo plano; enriquece mucho la puesta en escena y le resta mucho del componente teatralizante que tiene ésta película.

Cuando se revela el lado siniestro es cuando la película se acerca más a la excelencia. Mario y Natalia entran en un bar donde ponen rock&roll, el ambiente está cargado y parece que los invade e incomoda. Salen a bailar y la multitud los separa y agobia; al final Mario termina en el centro de un corro bailando como un loco, siendo el foco de atención y liberado de su timidez. Ésta escena reúne a modo de sumario las dos dimensiones en que se mueve la película. Resulta curioso que Noches blancas esté basada en un texto de Dostoyevski, cuando en muchas ocasiones parece más un Kafka descafeinado.

Es curioso ver que Marcello Mastroianni invirtiera algo de su capital para hacer esta película, quería dar el salto al drama tras hacer papeles cómicos en algunas producciones anteriores. Ésto no se traduce en un protagonismo absoluto del actor, en 1957 no tenía tanta influencia todavía. Su maniobra de desencasillamiento tuvo éxito, aunque parece un poco inseguro y en muchas escenas no modula bien la voz. La compañera que le da réplica, Maria Schell, es de una belleza aria, pero sus dotes interpretativas se limitan a unos ojos realmente expresivos, su gestualidad es exagerada y poco natural en los momentos más difíciles. Visconti parece darse cuenta de ello al tapar su cara hasta los ojos en la escena que transcurre en la habitación del inquilino.

Noches blancas es una película notable principalmente por esa dualidad ya apuntada que se sustenta en una fotografía y una escenografía realmente sobresalientes. La carrera de Visconti depararía grandes éxitos de crítica y público como Rocco y sus hermanos o El gatopardo; ésta Noches blancas es menos ambiciosa y más discreta, pero su impronta en la filmografía del aristócrata italiano es igualmente notoria.



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