La imaginación como instrumento

Minbo Juzo Itami es un director bastante desconocido en occidente: su filmografía se editó hace relativamente poco en España y, aún así, la mayoría de sus películas no pasa de las 10 puntuaciones en Filmaffinity. A pesar de que la vida de Itami está llena de anécdotas realmente interesantes, su cine no ha sido el foco de atención de la crítica europea, en parte porque está fuertemente atado a la forma de hacer cine (o mejor: espectáculo) de Japón.

Minbo, el arte de la extorsión gira en torno a la figura de una abogada especializada en resolver problemas con la Yakuza que es contratada por el Hotel Europa para expulsar de sus dependencias a los maleantes. Para ello, la protagonista y sus dos ayudantes desarrollan un minucioso plan que pone en jaque una y otra vez a los mafiosos, y que los obliga a practicar técnicas de extorsión cada vez más surrealistas. Partiendo de ésta sencilla premisa, Itami desarrolla todo un diccionario satírico sobre como repeler los ataques de la Yakuza; tras su apariencia disparatada esconde más de una sangrante verdad. De hecho, tras el estreno de Minbo, el director fue atacado por varios sujetos ofendidos por el trato ridiculizador que se les dispensaba.

Con Minbo me he visto obligado a separar intención y resultado. Por un lado, el objetivo que se propone Juzo Itami resulta realmente interesante: en un acto de valentía se lanza a tratar un tema delicado con la mayor claridad posible. Por el otro, la interesante premisa de Minbo se realiza bajo el marcado estilo de dirección de Itami, que es histriónico en extremo: los actores se comportan como marionetas, la puesta en escena se configura de modo teatralizante (con una rara obsesión por un tipo de plano en el que el actor queda mirando a la cámara) y la música baña casi todas las escenas, venga a cuento o no; además muchos golpes de humor se sustentan en situaciones tópicas, como el momento en el que el mánager general está a punto de tirar la tarta de boda. Todos éstos elementos configuran una película excesiva, a ratos cargante, sustentada en un modelo de humor difícilmente comprensible para los ajenos a la cultura nipona.

Minbo me ha gustado más sobre el papel que en la pantalla porque el modo de dirigir de Itami no me ha terminado de convencer, aunque es innegable que algunas situaciones son graciosas y que Nobuko Miyamoto, actriz protagonista, es realmente divertida.

Parnassus
También he visto El imaginario del Dr. Parnassus. Después de ver varias películas de Terry Gilliam puedo decir sin temor a equivocarme que éste director no es para mí. Su universo propio no es tan propio como parece y El imaginario del Doctor Parnassus no es una excepción. Gilliam recrea un mundo que recorre cada uno de los tópicos referentes a la imaginación y los condimenta con algún que otro punto de crueldad. Como nos tiene acostumbrados, vaya. Recoge las constantes de su cine y las eleva al máximo exponente, como si gritando lo mismo estuviera diciendo algo nuevo. En lo que a mí respecta, perdí el interés en la película muy pronto y por eso no me apetece escribir nada más de ella.



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