La incomunicación en los trenes de Tokio

Café Lumière
Lo primero que aparece tras el logo de Shochiku es un letrero en el que se puede leer: “En homenaje del 100 aniversario de Yasujiro Ozu“. Café Lumière es la película de un admirador confeso de la filmografía del japonés, es la película de un director que en 2004 llevaba 21 años haciendo cine pero que no duda en hacer un homenaje, como si de un principiante se tratara. Café Lumière es, también, producto de un estilo, de una concepción particular de lo que significa la palabra cine.

Empieza en un punto de la vida de una muchacha, sigue su rutina durante una hora y media y la deja en otro punto distinto en el que ella sigue su camino. La cámara de Hsiao-Hsien no construye la historia, la mira desgranarse poco a poco ante nuestros ojos, a través de los más delicados detalles. La incomunicación de los personajes se complementa con pequeños gestos que ayudan a dilucidar lo que cada uno siente, que muestra lo que no se puede decir. En referencia a la incomunicación, la escena en la que Yoko va en tren y éste se cruza con otro en el que va su novio, es de un simbolismo tan delicado como elegante, tan particular como inteligente.

Es en los temas que trata la película donde se reconoce de forma más evidente y menos superficial la influencia de Yasujiro Ozu en Hou Hsiao-Hsien. Es cierto que en Café Lumière hay planos tatami, cámaras grabando desde la distancia de las puertas y algún que otro plano almohada, pero eso es sólo una herencia epidérmica de la forma de rodar de Ozu. La cámara de Hsiao-Hsien es siempre nerviosa: hace numerosas panorámicas con las que describe los espacios y se sitúa a una distancia muy acusada de los personajes, casi en plan voyeur. El montaje es muy distinto también: mientras Yasujiro Ozu tenía una técnica definida al milímetro con la que resolvía todo tipo de escenas, Hsiao-Hsien se muestra más improvisador, da lugar a planos más largos que resuelven la totalidad de la escena. La diferencia en el tipo de montaje que practica cada uno de los directores es más definitoria de lo que en un principio pudiera parecer; el modelo de Ozu transmite una cadencia de las imágenes, un ritmo muy particular, que da un nuevo aire a la rutina, que la viste de agradable sucesión de pequeñas acciones que mantienen el mundo en orden. Por contra, el montaje de Hsiao-Hsien construye la rutina de un modo muy distinto: a través del movimiento (de cámara, o el desplazamiento de los trenes, por ejemplo) y no de la sucesión de planos.

Volviendo de nuevo a la temática central de Café Lumière, otro de los asuntos que pueblan la historia de Yoko es la colisión que se produce entre dos modos de entender el mundo: el de sus padres y el suyo propio. Cuando ella le comunica a sus padres que está embarazada, y sus planes con respecto a criar al niño, Hsiao-Hsien sólo está retomando otro de las obsesiones centrales de la filmografía de Ozu: la conflictiva generacional. La resolución que toma Hsiao-Hsien en referencia a ésto se aleja, como es natural, de cualquier intención moralizante, pero nos deja un pequeño gesto del padre que indica la dirección que tomará la relación de Yoko con sus progenitores: cuando la protagonista y su padre están comiendo, éste le da a ella lo mejor de su comida, en un intento de acercamiento gestual a algo que no se puede articular con palabras. Éste es otro de esos detalles sutiles pero emocionantes de la película.

Son muchos los temas centrales que trata la película de Hsiao-Hsien, pero la incomunicación y la conflictiva entre generaciones son los principales, junto al amor entre los protagonistas. Éste no se llega a materializar en ningún momento, el director mantiene una barrera (comunicacional, de nuevo) entre ellos que se intuye se puede levantar al final de la película, cuando se encuentran en el mismo tren. El tren es el elemento de mayor contenido simbólico de la película, suma en sí las cualidades y los temas de Café Lumière. Ésto se ve muy bien en la escena en la que el amigo le enseña a Yoko un montaje sobre trenes que ha hecho, otra de las sutiles y mágicas escenas.

Café Lumière es la primera película que veo de Hou Hsiao-Hsien, así que no soy capaz de posicionarla en un momento determinado de la filmografía del taiwanés, ni puedo hacer una valoración del universo estético de la película en relación al de otros universos del mismo director. Lo que sí puedo hacer es valorar Café Lumière por lo que es en sí misma y por lo que supone en cuanto que es un homenaje a la obra de Yasujiro Ozu que conozco un poco más en profundidad, aunque sólo un poco. Café Lumière me ha parecido una película realmente interesante, pero no sobresaliente, por lo que me alegro de leer por internet que no es la mejor película de Hou Hsiao-Hsien. Habrá que seguir investigando en la propuesta estética de éste director.



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